Productividad

Estos malos hábitos te están haciendo menos productivo

Nada es más perjudicial para la productividad laboral que los malos hábitos que vamos acumulando y normalizando con el paso del tiempo. Son adictivos y evolucionan lentamente hasta el punto de no darnos cuenta del daño que le están causando a nuestro desempeño, e incluso a nuestro bienestar físico y mental.

Los malos hábitos disminuyen la agilidad, efectividad y precisión de nuestro trabajo, además de reducir la creatividad y afectar el rendimiento laboral.

Identificar cuáles son las costumbres que están perjudicando nuestro desempeño es el primer paso para tomar conciencia que, si no las eliminamos de nuestra rutina, vamos a tener serios problemas en nuestra vida profesional y personal.

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Algunos hábitos causan más problemas que otros. Borrarlos de nuestro día a día aumentará notablemente nuestra productividad y nos permitirá disfrutar de un mejor estado de ánimo y tener mayor motivación para afrontar nuestras tareas.

Estos son 5 de los hábitos más perjudiciales que repetimos día a día en nuestro trabajo y que hemos identificado desde nuestra experiencia. Veamos:

  1. Adicción al internet

Las investigaciones muestran que entrar de lleno en una tarea toma unos 15 minutos. Una vez que lo hacemos, ingresamos en un estado de productividad que nos permite enfocarnos 100% en la acción que estamos ejecutando. Los expertos afirman que las personas que alcanzan ese estado son 5 veces más productivas que el resto.

Cuando estamos trabajando y consultamos internet para ver las redes sociales, videos o noticias, interrumpimos abruptamente nuestro ciclo de productividad y retomarlo implicará nuevamente 15 minutos para alcanzar la mayor concentración. Por ello, el reto está en dejar de lado las distracciones digitales y ser capaces de terminar las tareas sin recurrir a internet.

  1. Exceso de reuniones

Las reuniones de trabajo consumen el tiempo como ninguna otra cosa. Las personas más productivas evitan al máximo la asistencia continua a reuniones que la mayoría de veces son repetitivas, interminables y no aportan valor al avance y desarrollo de los proyectos que están en ejecución.

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Por supuesto que las reuniones son claves para planificar tareas y revisar periódicamente el avance de las mismas, pero solo deben realizarse cuando sean estrictamente necesarias y con una agenda y contenido limitados y específicos. Establecer una periodicidad y unos criterios puntuales para fijar reuniones ayudará a todos estar más concentrados y ser más productivos.

  1. Dependencia del correo electrónico

Las personas que alcanzan un alto nivel de desempeño en su trabajo no permiten que el correo electrónico se convierta en una interrupción continua de su productividad. La necesidad inaplazable de revisar si han llegado nuevos correos cada 10 o 15 minutos es una de las peores costumbres de muchos colaboradores en su trabajo.

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El correo debe revisarse de forma programada y se deben aprovechar las funciones que priorizan las alertas de mensajes nuevos de acuerdo a la importancia del remitente. Establecer alertas para los clientes, tanto internos como externos, los proveedores y los colaboradores más importantes ayuda a mejorar la productividad y la concentración notablemente.

  1. Adopción de la multitarea

La multitarea es uno de los mayores obstáculos para la productividad de un colaborador en su trabajo. Una investigación de la Universidad de Stanford concluyó que las personas que atienden más de una tarea a la vez no pueden prestar atención, recordar información o cambiar fácilmente de una tarea a la otra.

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Al intentar hacer dos cosas a la vez, el cerebro carece de la capacidad de ejecutar ambas funciones con éxito debido a que es casi imposible organizar los pensamientos, filtrar información relevante y alternar funciones productivamente. Lo recomendable es organizar una agenda con prioridades y atender las tareas una por una hasta completarlas todas con éxito.

  1. Aplazar las tareas difíciles

Nuestra energía vital y mental durante cada jornada laboral es limitada. A medida que avanza el día y vamos agotando esa energía, nuestra toma de decisiones y nuestra productividad disminuyen proporcionalmente. Este desgaste hace que las decisiones no se tomen con claridad y que cometamos errores involuntarios.

Cuando dejamos las tareas más difíciles para el final del día, ya sea porque nos producen temor, pereza o rechazo, estamos cometiendo un gran error, ya que las estamos guardando para el momento menos indicado.

Para afrontar las tareas más complejas, debemos hacerlo a primera hora de la mañana cuando nuestra mente está fresca, descansada y al 100% de su capacidad cognitiva.

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Algunos de estos hábitos pueden parecernos insignificantes, pero la mayoría de veces ocupan gran parte de nuestra jornada laboral y sumados se convierten en un enorme problema para la productividad, motivación y compromiso con nuestro trabajo. Además de afectar nuestro bienestar y desorganizar nuestros horarios.

La mayoría de estos hábitos pueden eliminarse rápidamente y basta con identificarlos para empezar a reemplazarlos por unas buenas prácticas que nos permitan optimizar el uso del tiempo, mejorar la productividad en nuestro trabajo. Finalmente, el peor de los hábitos es perder el enfoque de lo que realmente es importante.

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