Productividad

La importancia de la honestidad en la cultura organizacional

La honestidad y la transparencia consigo mismo y con las demás personas son muy importantes para el crecimiento, la productividad y la competitividad de una organización. Empezando por la dirección y pasando por todos los departamentos y colaboradores, la honestidad debe ser el principio fundamental por el cual se reconoce a una compañía y se desarrolla su trabajo día tras día.

En muchas ocasiones los principios y valores organizacionales son tomados como letra muerta, frases simples que no se aplican porque se cree que no influyen realmente en el desempeño de la compañía. Pero si analizamos detenidamente los alcances reales que tienen, los valores en una organización son la base para el éxito y traen múltiples beneficios para todos aquellos que los aplican cabalmente

Encuentre acá: La importancia de la cultura organizacional

Tal y como lo hablábamos la semana anterior en entrevista con Ricardo Matamala, la cultura organizacional está constituida por ese conjunto de valores, principios, normas, procedimientos y conductas que comparten todos los integrantes de una organización. La misión, la visión y los objetivos de la compañía soportan este conjunto de elementos nombrados anteriormente, que a su vez permiten unificar la dirección que debe tomar la empresa.

Lea acá la entrevista sobre gestión y medición de Cultura Organizacional con Ricardo Matamala, reconocido experto en el tema y Director de OCC Consulting.

La importancia de esos valores es tal que determinan el rumbo mismo y los patrones de comportamiento que diferencian a una organización de otra. Uno de esos valores fundamentales, que deberían regir en todas las compañías, es la honestidad, un concepto tan pregonado como golpeado con las noticias que vemos todos los días acerca de robos, trampas, sobornos y corrupción en todo tipo de organizaciones públicas y privadas.

Todas las personas tienen defectos y cometen errores en su trabajo, eso es algo absolutamente normal y es parte del proceso de aprendizaje día a día. Aceptar esos errores es el inicio del camino para corregirlos, mejorar nuestro comportamiento y actuar de la manera adecuada. El problema está cuando se ocultan y se niegan responsabilidades, esta es una peligrosa cadena que puede terminar muy mal para quién lo hace y para la organización.

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Cuando los valores de la organización son los mismos de los colaboradores, se genera un clima de confianza y autonomía puesto que las reglas son compartidas y se realizan las acciones que todos consideran correctas. Esta situación es la ideal para construir una cultura organizacional adecuada para llevar a cabo de la forma más productiva y confiable las tareas de todos los integrantes del equipo de trabajo.

La transparencia y la honestidad se basan en aceptar las equivocaciones que cometemos, en no endilgar responsabilidades a otros cuando son nuestras, en no apropiarse de los bienes o el capital de la compañía y en denunciar a tiempo siempre que nos enteremos de fraudes o trampas realizadas al interior de la organización.

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El  consejo para lograr ese ambiente es actuar siempre bajo los principios y normas que promueve la organización, teniendo muy claro que el rompimiento de alguno de esos acuerdos tendrá consecuencias no deseadas para nuestro futuro. Para ello, es necesario que la dirección y los jefes de departamento cumplan sus obligaciones con la mayor disciplina y rectitud.

En conclusión, tanto la organización como los colaboradores deben velar por la honestidad en todas sus actuaciones. No deben existir mentiras ni engaños entre las dos partes y la transparencia debe ser el pilar fundamental a la hora de tomar decisiones y comunicarlas.

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Para obtener ese compromiso y rectitud por parte de la plantilla, la compañía debe preocuparse por conocerlos muy bien, proporcionarles las condiciones laborales adecuadas y actuar siempre de acuerdo a esos mismos principios que les exige. Dar ejemplo es el primer paso para conseguirlo.

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